Carmen apareció de golpe
Con sus brazos invisibles, sus heridas
Y sus historias sobre orugas.
Yo veía a las jóvenes volverse
En una ternura que no cabía en su edad.
Echaba en falta aquello que tanto haces.
Jaime lo llamo el rollo de no afeitarse.
Era mi rollo. Mi letra.
Los dos lo sabíamos.
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