Vivir.
Vivir y darse cuenta de que ninguna herida este cerrada.
Levantarse.
Levantarse y morder la úlcera.
Y mirarse.
Mirarse en el espejo, con los dientes llenos de sangre.
Y entender que, aun siendo devorado por una nube de mariposas y polillas,
existe algo malo en todo esto.
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