No había nada esa noche que no hubiera podido hacer. Todos nosotros sumergidos en el mar de las risas. Gota a gota la diversion iba extendiendose por todos los recodos de nuestro sistema nervioso.
Endorfinas, justo en el momento oportuno....
El cuerpo nos pedía actividad, era hora de marcharse. Los fluidos fueron reemplazados por una música vacia, pero perfecta para el momento. Ritmos percutidos al ritmo de nuestras emociones, sonrisas en el aire que saben al verdad. No es la situación que nos divierte, si no nosotros mismos. Baila conmigo...
Al ritmo de aquellos extraños hipnos estuvimos horas. No había tiempo de mirar quien estaba debajo nuestra. Estabamos tan ocupados disfrutando del momento que precisamente se nos olvido atesorar el momento. Viniste y me diste un beso, yo te respondi. Para ti no era nada, para mi era el mundo. Muerdeme me dijiste y no habia nada que decidir... para ti no era nada, para mi era el mundo.
Tal y como vino aquella furia divertida se fue dejando una gran vacio en los doloridos cuerpos.
Metafora interesante del amor...
No había nada aquella noche que no pudiese hacer...
...
Eres tan jodidamente guapo....
A.D
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